domingo, 27 de outubro de 2013

La experiencia mística de Santa Verónica Giuliani

Santos y Teología del corazón - Santa Verónica Giuliani
Santa Veronica Giuliani

Resumen hecho por SCTJM tomado de los Volúmenes del Diario de Santa Verónica y del libro María en la Experiencia Mística de Santa Verónica Giuliani del
Padre Rafael M. Pericas.
santa Veronica Guliani
En la vida de Santa Verónica podemos ver la obra de amor que los Dos Corazones realizaron en ella. Sus experiencias, llenas de ardiente entrega hacia ambos Corazones, y la correspondencia de ellos, dándole gracias extraordinarias que la llevan a entregar todo por el Esposo, pero ayudada por la fiel custodia de la Virgen María.
Podemos decir que ella vivió la Pasión del Señor pero siempre acompañada y guiada por la Virgen María.
Es una santa que recoge experiencias místicas de grado muy alto y además, sus experiencias unen de una manera extraordinaria la espiritualidad Mariana y la espiritualidad Cristo céntrica, y es la unión de estas dos espiritualidades, las que desean llevar al hombre a su plenitud. Santa Verónica fue llevada a las alturas guiada por Jesús y por la Virgen María.
En su vida mística encontramos lo que ella llama Lazo indisoluble de los Tres Corazones. Su corazón fue unido místicamente al Corazón de Jesús y de María. Narra su participación tanto de la Pasión de Jesús como del sufrimiento y lágrimas de la Virgen María.
MARÍA SE OFRECE DEL TODO A JESÚS
EN NOMBRE DE LA SANTA
7 de abril, 1697 = Volumen I, 905
"Hablándome de esa manera, me crecía el deseo ardiente y de corazón me ofrecía del todo a El. Sin embargo por el conocimiento propio que tenía, veía que no le podía dar nada. Me he dirigido a la Santísima Virgen y le he dicho fuese Ella quien ofreciese algún donativo a su Hijo en mi lugar. Así pues, en representación de mi persona, se ha ofrecido toda Ella. Le ha dado todos sus sentimientos unidos a los míos; le ha dado sus potencias, su corazón y todos sus méritos, todas sus buenas obras y sus virtudes, en unión de los méritos santísimos del mismo Señor y de todo cuánto ha padecido y obrado, en todo el decurso de su vida. Mientras la Santísima Virgen hacía todo esto, me parecía que al mismo tiempo me iba adornando con una bellísima vestidura, cubierta de oro y piedras preciosas, que querían significar las santas virtudes de la Virgen. Y el Señor dijo a la Santísima Virgen que aceptaba esto como señal de que yo quería ser verdadera esposa suya"
EL CORAZÓN DE VERÓNICA
SOBRE EL CORAZÓN DE MARÍA
7 de abril, 1697 = Volumen I, 905-6
El le dijo: "Si es mío, lo pondré donde debe estar". Y diciendo así, lo puso en la llaga de su costado, me hizo ver su corazón muy resplandeciente y puso el mío sobre su mismo corazón. Entonces mi corazón quedó del todo encendido, como una llama de fuego. El Señor volvió a tomarlo en su mano, lo miraba fijamente y lo estrechaba fuertemente. Yo veía dicho corazón todo fuego, con las cinco llagas y traspasado de parte a parte. El Señor lo dio a su Santísima Madre y lo puso justo sobre su corazón de Ella. Ella lo tomó con su mano y lo donó a su Hijo con su propio corazón, y con el de su mismo Hijo. El Señor lo volvió a meter en mi pecho; pero parecía que me metía un incendio. Sentía como si me abrasara"
MARÍA INTRODUCE A LA SANTA
EN EL COSTADO DE CRISTO
7 de marzo, 1698 = Volumen II, 369
"Aquí me ha hecho comprender que todavía no he empezado a sufrir, en relación a lo que me espera. En este momento me ha dicho: "Espera en mí"; y me ha mostrado su Costado diciéndome: "Aquí debes hacer tu morada". Yo, dirigida a la Virgen, le rogaba que quisiese ofrecer su Corazón por mí; y que quisiese introducirme en el Costado de Jesús. Ella en un instante me ha hecho ver que ya había recibido la gracia; y allí dentro estaba con muchas otras almas"
MARÍA Y JESÚS LA CONFIRMAN
EN EL CAMINO DEL SUFRIMIENTO
15 de agosto, 1699 = Volumen II, 510-1
"Esta noche, después de un largo combate, he tenido un poco de recogimiento en la oración. Entonces he tenido la visión de la Virgen con el Señor Glorioso y muchos santos y santas. Ambos me han dicho que venían para confirmarse en el padecer. En esto me ha dado a entender el Señor que quería darme una gracia. Hablando de esta manera, me ha entregado a la Virgen. Ella me ha peguntado que quería. Le he pedido, como gracia, la pureza de intención, la humildad y la resignación a la voluntad divina. Me pareció que Ella me lo concedía todo y me dijo que me preparase para recibir nuevas gracias.
De repente desapareció. Cuando volví en mi, sentía gran contento de padecer, y al mismo tiempo se me encendía el corazón; aunque el sentido, sintiese al vivo el estar crucificada externa e internamente con los acostumbrados trabajos, yo no podía decir más que: "Señor, si es vuestro querer, añadidme más penas".
Por la mañana en la comunión, me ha parecido que en seguida me ha venido el recogimiento con la visión de la Virgen y de Jesús Niño. Ella y El me confirmaron en el camino del sufrimiento. El Señor me hizo entender que todo el tiempo de mi vida lo tendría que pasar con sufrimiento; y de nuevo me daba la gracia de confirmarme crucificada con El. Aquí tuve también comunicaciones y aprendí la preciosidad de la cruz y de las penas. El Señor me dijo: "Seme fiel en el porvenir. Corresponde a mi amor. Yo te amo y seré siempre tuyo. Afiánzate en mi querer, ten verdadera fe y esperanza en mi".
CRISTO ESTAMPA EN EL CORAZÓN DE VERÓNICA
LOS NOMBRES DE JESÚS Y DE MARÍA
25 de marzo, 1702 = Volumen III, 1036
"En un instante el Señor me quitó el corazón. Me pareció verlo, en la mano de la Santísima Virgen, y Ella lo lavaba y limpiaba, con la sangre que salía del Costado de Jesús. Lo vi repentinamente tan reluciente y purificado, como, si fuese cristal purísimo. Jesús tenía en la mano algo como un pincel, lo mojaba en su costado, y luego con el mismo escribía caracteres en el corazón que tenía la Santísima Virgen en la mano. Me pareció que Jesús había impreso en él con caracteres de su sangre estos dos nombres: Jesús y María, y así sellado lo ponía de nuevo en su sitio.
En aquel momento me pareció sentir una cosa nueva en mí y no pude entenderla en absoluto por el exceso de amor que sentía. Mi alma se unió tan estrechamente con Dios..., y los dos nombres que había escrito en mí propio corazón, me parecían una atadura indisoluble con la que tenía atada mi alma. No puedo describir con la pluma lo que tuve en aquel momento y el deseo inmenso de Dios con que quedé. Estaban estos caracteres, como voz viva ante la presencia de Dios y El me daba a entender cómo debo encaminarme por el camino de los sufrimientos y cómo debo portarme cuando me hace participar de los dolores y penas de su santísima pasión. En este tiempo me parece que Dios infundía en mi corazón su amor, de un modo especial; y me dejó un vivo recuerdo de Jesús y María"
VERÓNICA DE JESÚS Y DE MARÍA
17 de mayo, 1703 = Volumen III, 134
"Vuelvo de nuevo a la narración de la visión. Me pareció que Jesús levantaba la mano que tenía apoyada sobre su corazón; vi entonces abierta la llaga de su costado; y me pareció ver en su corazón con letras de oro esas precisas palabras: "Verónica de Jesús y de María". De pronto, se cubrió de nuevo con su mano; de su corazón salía un resplandor tan grande que parecía al de muchos soles. Aquí no puedo explicar lo que en aquel momento gustó mi alma, no hay manera de encontrar palabra que le cuadre. ¡Todo sea a gloria de Dios! En este día tuve tres veces la misma visión, de la misma manera, y cada vez que volvía en mí, Dios me daba especial dolor de mis pecados. ¡Todo sea a gloria de Dios!"
"ARREBATABAN MI CORAZÓN"
8 de septiembre, 1703 = Volumen III, 180
"La tercera vez, me ha parecido que salía un gran resplandor del corazón de Jesús y del de María; se unían uno con el otro y al mismo tiempo mí alma gustaba una unión con Dios de tal manera que no hay modo de describirla. Estos corazones arrebataban hacia Ellos mi corazón y llenaban mi alma de dulzura celestial. Sentía una comunicación tan excelsa de Dios, y de sus divinos atributos... especialmente de su inmensidad, divina piedad, misericordia infinita, caridad inmensa, bondad suma, amor incomprensible, y cosas semejantes... que no puedo narrarlas, ni hay manera de poder discurrir sobre ellas. Cuanto más se dice de Dios y de su grandeza, menos se dice. Por más que hayan dicho todas las criaturas unidas y los Santos, nadie ha dicho nunca nada. Yo no tengo manera, ni encuentro modo de poder narrar nada de cuanto he entendido en esto. Sólo seguiré narrando lo que me ha ocurrido en esta visión.
Me parecía que aquel resplandor que salía de los corazones de Jesús y de María, venía hacia mi corazón, y que quedase como preso o atado por ambos corazones, sintiendo un júbilo de Paraíso. De lo que he experimentado en aquel momento, no puedo decir nada; sólo me parece sentir desde aquel momento, hasta ahora, mi corazón y mi alma han estado siempre con atención y aplicación en Dios; y que me es más fácil el ejercicio de la presencia divina. Me parece sentir todavía atado mi corazón con el de Jesús y el de la Santísima Virgen; y esto hace que esté muy contenta y que sienta, a veces, tal ímpetu de amor a Dios, que parezca como alocada"
CONSTITUIDA HIJA DE MARÍA,
LOS TRES CORAZONES, UNO
26 de junio, 1705 = Volumen 269-70
"Después un rapto con la visión de Jesús y de la Santísima Virgen con muchos santos. Yo entendía, por vía de comunicación, que Dios me asignaba de un modo especial a todos aquellos santos por abogados míos, y a la Santísima Virgen, por madre mía, y que me había constituido hija de la. Santísima Virgen. En un instante he entendido por vía de comunicación, que la Santísima Virgen me aceptaba como hija suya y parecía que se ofrecía a sí misma a Dios por mi, que ofrecía asimismo su corazón a Dios por mí"
EFECTOS MARAVILLOSOS DE LA UNIÓN
DE LOS CORAZONES
29-30 de junio, 1705 = Volumen III, 271-2
"Estos días (29 y 30) los he pasado con muchas penas, y en mi corazón ha habido algo nuevo, un no sé qué, semejante al que tuve el 26 del corriente. Mientras sentía que me ataban el corazón aquellos lazos de amor de los dos corazones, es decir, de los de Jesús Crucificado y de la Santísima Virgen, me pareció que todo esto me hacía salir de mí, y me despojase de todo.
Se renovó en mí el modo que tiene Dios, que es sin modo, y me pareció entender que Dios quiere absolutamente que yo le ame y sea toda suya. El se amaba por mí y, al mismo tiempo entendía un poco de este amor, pero no es posible discurrir sobre él. ¡Queda el alma toda absorta en Dios!... siente tiernos abrazos del mismo Dios y en el obrar y cooperar que hace Dios, ella obra y coopera siguiendo sencillamente la pura voluntad de Dios. En todo aquello que contenta al alma es necesario que al mismo tiempo ponga todo su contento en sólo Dios; al devolver a Dios este contento, viene a depender de El y a hacer su voluntad; y Dios, por su caridad, en un instante le acumula gracias sobre gracias, dones a dones, y se complace tanto que parece que mande un diluvio de gracias sobre el alma; en particular, la de darle el conocimiento y la contrición. Laus Deo.
DE NUEVO LOS TRES CORAZONES
2 de julio, 1705 = Volumen III, 275-77
"Me ha venido un ímpetu de amor y he quedado fuera de sentidos. Entonces he tenido una visión de Jesús y de la Santísima Virgen, y me parecía que de sus corazones salían aquellos rayos; que Jesús y María, con sus Corazones ataban el mío, y le hacían participar un no sé qué, como de Dios. Lo digo así por decirlo de algún modo, porque no hay manera de contar el hecho que he experimentado en aquel instante. Mi alma gozaba un no sé qué superior a todo lo que ha gozado nunca, y tenía comunicaciones íntimas de las que no se pueden contar con palabras. Me pareció que ambos corazones, es decir, el de Jesús y el de María, quisieran para si mi corazón. De repente me ha parecido verlo en medio de estos corazones, y en un instante, como de vuelo, volver a mi; y yo he vuelto en mi.
Me ha parecido que los tres corazones se han unido como si fuesen uno solo; pero los veía ahora separados, ahora unidos. En este hecho mi alma ha gustado algo superior a lo primero, cuanto he dicho, de aquella participación divina. Aquí sí que no es posible contar nada.
En un instante me he sentido toda en Dios, y Dios en mí, de un modo que no hay manera de decirlo. Los Corazones de Jesús y de María infundían en mí alma una plenitud de gracias; y me parecía que la instruían, de un modo muy cuidadoso, en toda clase de virtudes; pero al mismo tiempo, le comunicaban el divino amor, y el amor divino obraba cosas que no hay manera de entenderlas con la inteligencia humana"
PARTICIPA DEL DOLOR Y DE LAS LÁGRIMAS QUE PADECIÓ MARÍA AL PIE DE LA CRUZ
2 de julio, 1705 = Volumen III, 278
"El Padre Confesor me ha impuesto por obediencia, que recogiera mi mente en Dios; que rogara a la Santísima Virgen que me hiciera participar un poco de aquellos dolores y lágrimas que tuvo Ella al pie de la cruz; y que esta pena debía servirme de penitencia por mis pecados. En seguida que me puse a obedecer tuve un breve rapto, en el cual me pareció entender que no sólo me darían la gracia Dios y la Santísima Virgen, sino que además, participaría al mismo tiempo del dolor de María y del Corazón de Jesús; porque ambos Corazones se participaron mutuamente sus dolores; y los Dos me lo harían participar a mi corazón. Así fue. Tuve tal pena y dolor que creía que me estallaba el corazón. Esto que he dicho, me ha sucedido varias veces, cuando el Confesor me mandaba cosas semejantes"
EL CORAZÓN HERIDO Y EL CORAZÓN AMOROSO
22 de julio, 1705 = Volumen III, 290
"Tuve otro rapto con la misma visión. La Santísima Virgen tomó el corazón herido y lo puso en el costado de Nuestro Señor; y me fue puesto el corazón amoroso en el sitio del corazón herido, por Jesús y por la Santísima Virgen. En este acto mi alma experimentó algo divino, no sé qué; pues no tengo manera de narrar lo que fue. Sólo que ella (el alma) participó un poco de lo que el corazón herido participaba en el costado amoroso de Jesús. El corazón de Jesús y el de María comunicaban grandes cosas al corazón herido y él participaba de un Paraíso anticipado. Las comunicaciones de estos Dos Corazones lo dejaban como beatificado, por decirlo de algún modo; pero no puedo con palabras decir nada de lo que el corazón gozaba. Y de este gozo participaba también el alma. Fue para mi una renovación total de mi misma.
Vuelta en mí, no sabía si estaba en el cielo o en la tierra. Estaba toda en Dios y sentía a Dios en mi, que obraba, cooperaba y mandaba. Mi alma seguía esas operaciones y cooperaciones de manera imposible de decir".
EL "SELLO" DE MARÍA Y EL DE VERÓNICA
19 de noviembre, 1711 = Volumen 442, 3, 4
María le dice: "Mira un poco aquí, y le señalaba su corazón". "Me ha parecido que en aquel punto mi alma quedaba un poco aliviada. Pensaba que estaba viendo una fuente de gracias; pero en el mismo corazón había también un espejo semejante a aquel que vi en el corazón de Jesús. ¡Dios mío! ¡Qué temblor! ¡Verme a mí misma, tan ingrata! Todos los medios, las ayudas, las gracias y los favores que me ha dado María Santísima, todos los había sepultado bajo mis pies."
Vuelvo a la narración. En un momento, me ha parecido que aquel espejo volvía a ser de nuevo como un sello donde estaba escrito: "fuente de gracias" y he visto esculpidas en el Corazón de María Santísima 7 espadas.
Mi alma se ha humillado y ha vuelto de muerte a vida. María no tenía ya aquel aspecto terrible, sino que con rostro amoroso, me ha llamado su hija. ¡Dios mío! Aquí si que sería necesaria la misma Virgen Santísima, para decir y declarar todo lo que ha experimentado mi alma; yo, no tengo manera de decir ni una palabra. Sin embargo, para obedecer, diré algo.
Me ha parecido que en aquel momento el sello que estaba en el corazón de María, ha venido hacia mi y ha tocado el sello que tengo en mi corazón. En el mismísimo punto, María Santísima, me ha quitado el mío, lo ha unido al suyo... parecían uno solo.
En un momento, María Santísima y todos aquellos santos han venido en mi ayuda; mi querida Mamá me ha presentado a su Hijo Santísimo y al mismo tiempo le ha presentado aquellos dos sellos que tenía en su corazón, es decir, el suyo y el que había sacado del mío. Este sello pedía gracias y gracias"
MARÍA OFRECE A JESÚS, TODOS SUS MÉRITOS, OBRAS Y VIRTUDES, EN FAVOR DE VERÓNICA
21 de noviembre, 1711 = Volumen III, 448
"En un momento me pareció volver de muerte a vida. Viendo cambiarse poco a poco aquellos divinos rostros y mostrarse piadosos y benignos, mi alma quedó al mismo tiempo toda purificada y hermosa. Los Santos llenos de júbilo hacen fiesta y corona a la Gran Madre de Dios, la cual, llena de piedad pone mi alma ante su Hijo Santísimo; y me pareció entender, por vía de comunicación, que en aquel momento María Santísima ofrecía a su Hijo todos sus méritos, todas sus obras, todas sus virtudes, todo, a favor de mi alma.
Y en aquel punto veo que Jesús también se da a Si mismo, todos sus méritos infinitos, su preciosa sangre, toda su pasión, a favor de mi alma; la cual, al mismo tiempo, participa de todos los frutos de todo esto."
EL CORAZÓN DE VERÓNICA Y LOS TRES SELLOS
6 de diciembre, 1711 = 111 467
"Esta tarde, cuando María Santísima me ha quitado el corazón, lo he visto de diferente manera que las veces pasadas.
¡Dios mío! Mi querida Mamá lo ha tomado, inmediatamente lo ha dado en mano a su Hijo Santísimo, y me ha hecho comprender un no sé qué. Ha sido que en aquel punto ha dado un toque a aquel dardo, y en seguida mi alma ha participado un poco del amor divino.
María Santísima tenía mi corazón en su mano, y cada vez que dirigía su mirada hacia él, se conmovían todos los instrumentos. Me ha parecido que el sello que es en el corazón de María, se unía con el que tiene mi corazón, que el del Corazón de Jesús, como de vuelo, se unía con el de María; y que los tres juntos hacían corona a mí corazón. María Santísima, antes de volvérmelo a poner en su sitio, ha puesto primero el suyo en su Corazón, y luego lo ha puesto a donde ahora está, es decir, bajo las espadas de sus dolores. Este sello es auténtica de los tesoros divinos por eso lleva esculpidos las palabras: "Fuente de gracias".
¡Dios mío! ¡Cuántas gracias y cuántos dones recibe mi alma, por esos dolores de María! Ella parece estar enamorada de mi alma, y si le es fiel, le enseña la manera de serlo más, y no pasa momento sin darle instrucciones y enseñanzas sobre las virtudes. No hallo modo de contar todo lo que María Santísima hace con mi alma"
COMO ESTÁN COLOCADOS LOS INSTRUMENTOS DE LA PASIÓN EN EL CORAZÓN DE LA SANTA
14 de diciembre, 1711 = Volumen III, 477
"Dios me ha hecho ver mi corazón, y María Santísima me enseñó uno por uno los instrumentos. La cruz está enfrente de los dolores de María; del lado donde está la cruz, están los flagelos, los martillos y las tenazas; del lado de los dolores, está la columna, los clavos y las espinas. Se terminaba esta operación de manera dolorosa; he entendido que se había completado del todo; en aquel punto se ha cerrado el corazón, y María Santísima lo ha puesto en su sitio. En un momento, me ha concedido como gracia, el dolor de todos mis pecados; y mientras sentía este dolor, se han renovado todos los dolores del corazón, que, como voces han agradecido al Sumo Bien por tan grande bien como hace en mi alma"
FUSIÓN DE AMOR
O DESPOSORIO ESPIRITUAL CON MARÍA
18 de diciembre, 1711 = Volumen III, 483
"En el día de hoy ha tenido lugar la Confesión y la Comunión, en las cuales he recibido las gracias especiales del conocimiento, de mi misma, el aborrecimiento a todo y el desprendimiento de todo lo creado. Sólo Dios queda en mi corazón y éste no es mío sino que se llama el corazón de Jesús y de María, y lo tengo en mí como prestado".
MARÍA EMBELLECE LOS INSTRUMENTOS
DE LA PASIÓN CON LA SANGRE DE CRISTO
Y CON SUS LÁGRIMAS
6 de enero, 1712 = Volumen III, 502-3
"Esta mañana, inmediatamente después de comulgar, he tenido el recogimiento con la visión de Jesús y de María, que me ha sacado el corazón y me ha hecho ver los instrumentos...
Luego me ha parecido que uno de los ángeles presentaba a María dos cálices de oro, en uno de los cuales estaba la sangre de Jesús, y en el otro, las lágrimas de María Santísima La Santísima Virgen, ponía mi corazón en las manos de su Hijo; y Ella tomando aquel dardo que está en el corazón lo metía en estos cálices; con él iba tocando como con un pincelito, todos los instrumentos, que quedaron de color rojo con aquella sangre preciosa, y encima, con las lágrimas de María, como esmaltados. En este punto Ella volvió a meter el dardo en el corazón; y al moverlo, el corazón participó un no sé qué del divino amor y al mismo tiempo mi alma tuvo también en ella misma, todo lo que tenía el corazón. Esto fue mediante el amor. Este hecho no tengo manera de declararlo.
María, dirigiéndose a mi, me dio a entender que me devolvía el corazón sólo para que padeciese y continuase esta vida divina en sufrimiento sobre sufrimientos; y entre ambos volvieron a poner el corazón en su lugar.
Volví en mi, me pareció sentir un corazón nuevo, tenía ansias de amar a Dios, y todo esto era el mismo amor. Durante el día tuve varias veces el incendio, pero es imposible decirlo. Cuando experimento todo esto, entiendo que para hablar de obras de amor se necesitaría el mismo Amor. Yo quedo atónita y sin palabras, siento en mi los efectos del amor al sentirme cambiada de una en otra, pero no se decir en qué consiste. ¡Sea todo a gloria de Dios!"
Marzo 1712 = Volumen III, 539
"Me parece que en el curso de esta cuaresma cada día ha habido cosas especiales. Entre otras gracias que ya he reseñado, hay una superior a todas, y es que María Santísima ha renovado del todo mi corazón. Ella quitó uno a uno todos los instrumentos; los devolvió todos y, luego en un recogimiento, me pareció que llamó a mis dos ángeles custodios y, que teniendo en la mano un pincel, lo mojaba en el cáliz donde está la sangre de Jesús y después en el otro donde están sus lágrimas, con el mismo los iba tocando. Por aquella sangre y por aquellas lágrimas parecía que los dichos instrumentos quedaban todos esmaltados; y antes de volver a meterlos en la concavidad donde estaban, metía en ella un poco de la Santísima Sangre. Hizo lo mismo con los signos de sus dolores. Todo esto ocurrió antes del Domingo de Pasión.
En esta semana de Pasión recibí cada día varias veces, gracias especiales de María Santísima Ella con amor iba instruyendo mi alma en todas las virtudes; y me pareció que muchas veces me dio el oficio de dispensadora de sus gracias"
RENOVACIÓN DEL DESPOSORIO
DE LOS TRES CORAZONES
20-25 de febrero, 1712 = Volumen III, 530
"El (confesor) me dijo: "Aprended y decid a la Santísima Virgen que ahora renueve el desposorio de los tres corazones, y luego meta el clavo en el corazón para que sea una voz continua que os recuerde que habéis de obedecer.
Apenas dicho esto, me encontré fuera de sentidos a los pies de María Santísima y Ella dijo en seguida: "Hágase la obediencia". En un instante pareció que estos tres corazones, esto es, el Corazón de Jesús, el Corazón de María y el mío, fueran, por la unión amorosa que hacían, un solo corazón. Veía, en aquel momento que María Santísima movía aquel dardo del corazón; en seguida mi alma sentía los efectos del divino amor; y todo lo que gozaba mi corazón en la mano de María, lo participaba el alma por vía de amor. ¡Dios mío! De esas comunicaciones amorosas no puedo decir nada. Sólo que me sentía muy instruida en las santas virtudes, y me parecía que mi alma se revistiera toda de virtudes, y conociera, que todo este bien lo alcanzaba por la obediencia...
En este momento Ella bendecía mi corazón, después lo ofrecía a Jesús, junto con aquellos cálices. Del corazón de Jesús; era ofrecido al de María; y Ella me lo volvía a meter, metiendo al mismo tiempo aquel clavo. A causa del dolor volví en mi del todo renovada"
El lazo indisoluble de los tres corazones (abril de 1712 1554).
Los lazos indisolubles de los tres corazones (8 abril 1712 = Volumen III, 561).
LOS TESOROS DE LOS DOS CÁLICES
Marzo, 1712 = Volumen III, 537-8
"Entonces me hizo conocer cierto estado de sufrimientos: esto es, participación de la Santísima Pasión, trabajos de tentaciones y turbulencias del diablo; me prometía su asistencia; me daba tiernos abrazos: me mostraba los sellos y tomando en sus manos los cálices, me decía: "Estos tesoros están en tus manes, ofréceselos a mi Hijo, y obtendrás todas las gracias". Luego me señalaba su Corazón y repetía: "Ven a mi, ven a mi"; diciendo esto, me cogía de la mano y me ponía ante su Hijo Santísimo diciéndole: "He ahí vuestra esposa, e hija mía". Jesús me confirmaba como esposa, Ella como hija; y ambos parece que competían en comunicar a mi alma favores y gracias. ¡Dios mío! En aquel memento me pareció experimentar cosas especiales, lo mismo de unión que de cambio de vida"
LOS DOS CÁLICES,
REFUGIO CONTRA LAS TENTACIONES
4 de abril, 1712 = Volumen III, 556
"Mi querida Mamá, María Santísima, ha tomado en sus manos aquellos cálices, me los entregaba y me decía: "Está tranquila, porque esta preciosa Sangre de mi Hijo es tu refugio, y estas mis lágrimas ahí están para ti. Son tesoros de los cuales debes servirte contra todo el poder del infierno".
RENOVACIÓN DE LA CRUCIFIXIÓN
Y DE LOS DOLORES DE MARÍA
1 de abril, 1712 = Volumen III, 554
"Esta noche he tenido además la renovación de la crucifixión; al renovarse la herida del corazón, en el momento preciso en que aquel rayo del costado de Jesús se colocó en él, otro rayo ha salido del corazón de María y ha renovado en él todos sus dolores. Me parece haber entendido, entonces, que cada noche hasta el cinco de este mes, tendré siempre la gracia, tanto de la crucifixión, como de la participación de los dolores de María".
DE NUEVO:
LA UNIÓN INDISOLUBLE DE LOS TRES CORAZONES
1 de abril, 1712 = Volumen III, 554-5
"En la santa comunión, me parece que en un momento he tenido un rapto, en el cual tuve aquellas acostumbradas comunicaciones de las cuales no puedo decir nada con palabras; luego tuvo lugar la renovación del desposorio y del clavo; y al mismo tiempo María Santísima me tomó el corazón, y al instante sentí la unión indisoluble de los tres corazones. Los de Jesús y de María parecía que competían entre ellos para atraerme mi corazón".
LOS TRES CORAZONES, UNO, Y LOS SIETE DOLORES
11 de julio, 1712 = Volumen III, 583
"Esta noche he tenido un nuevo ejercicio; y ahora para obedecer, lo diré todo. He sido presentada por mis ángeles a María Santísima Ella me ha mandado que renovase mis protestas y los santos votos; y en este momento ha venido hacia mi el sello que está en su pecho, que parecía un lucidísimo espejo donde me veía a mi misma. ¡Dios mío! ¡Qué fea y abominable soy! Han venido mis ángeles y mientras ellos ofrecían aquellos cálices, me ha parecido que en un momento cambiaba en otra. El sello ha vuelto al Corazón de María, del cual salían 7 rayos resplandecientes que fueron todos hacia Jesús, se han detenido en su costado y han hecho una sola cosa de aquellos Dos Corazones. Habiendo sido invitado mi corazón por Jesús, María Santísima me lo ha quitado, ha metido en su sitio el acostumbrado y teniéndolo en la mano, lo ha purificado y hermoseado, con aquella sangre santísima y con sus lágrimas. Luego del corazón de Jesús y del de María ha salido un rayo que, yendo, hacia el corazón que María tenía en la mano, ha causado aquella unión, por la cual los tres corazones parecen uno solo. En esto, aunque mi corazón no estaba en mí, mi alma por medio de aquel dardo, participaba de todo aquello que María Santísima obraba en el mismo corazón. En un momento Ella me ha devuelto el corazón, he tenido la gracia del dolor y en aquel instante he vuelto en mi, y en seguida ha vuelto el recogimiento.
La Santísima Virgen me señalaba aquel sello del cual salían 7 rayos y he entendido, por vía de comunicación, que significaban sus siete dolores los cuales se debían renovar en mi, hoy por la noche y durante ocho días; y que éste será el ejercicio de esta semana. En un momento mis ángeles me han presentado a María; de una manera que no puedo explicar, se han renovado en mi todos sus dolores, uno por uno; y he entendido que todo esto me será un gran bien, porque tendré alguna gracia de luz y de contrición. Así ha sucedido".
JESÚS LA DECLARA ESPOSA SUYA,
MARÍA, HIJA, Y QUIEREN CORRESPONDENCIA
17 de julio, 1712 = Volumen III, 585
"En este día ha habido muchas gracias, y ahora diré las más particulares. Esta noche ha tenido lugar el desposorio y, por gracia especial María Santísima me ha dado el anillo con aquellos dolores. En el momento en que me ha puesto el anillo en el dedo, me ha dado un cariñoso abrazo, y lo mismo ha hecho Jesús. Ella se ha declarado madre mía, y yo hija suya. Jesús se ha vuelto hacia mi y como esposo fiel, me ha pedido fidelidad. En este momento mi alma ha quedado herida por su amor y he tenido un, rapto, en el cual Dios y el alma han quedado hechos una sola cosa, todo por obra del amor. De esto no hablo, porque con palabras no puedo decir nada. Sólo diré esto, que parecía que la Madre y el Hijo compitieran sobre cuál de los dos podía agraciar más mi alma. La madre ha querido una señal de amor; en este momento han hablado sus dolores; y en aquel instante el sello del pecho de María ha venido aquí, a mi corazón. También Jesús vuelto hacia mi, me pedía una señal de afecto, de amor y de fidelidad; entonces han hablado todos los instrumentos de la pasión y el sello que está en el Corazón de Jesús, ha venido hacia mi y se ha unido con el de María; y yo comprendí que ambos se unían al que está en mi corazón, de modo que éste sin salir de mi corazón, estaba del todo, atento a cuanto hacían los otros dos. Estos eran como voces que incitaban el alma a amar al Sumo Bien; y el que estaba en mi, me parecía que era como un eco que, con voz íntima, despertaba el alma que se encontraba confusa entre tantas gracias y, sin fatigarse, sentía que se cambiaba del todo. Parecía que la obra de amor que ella sentía, le quitase todo impedimento y que se sintiese atraída hacia la unión con el Sumo Bien. En efecto, aquellos dos sellos que estaban colocados en el corazón, tenían eficacia para hacer partícipe a mi alma en un instante de todo tesoro y gracia".
MARÍA LAVA PRIMERO EL CORAZÓN DE VERÓNICA, LUEGO SE UNEN LOS TRES CORAZONES
15 de agosto, 1712 = Volumen III, 599
"De repente, me fue tomado el corazón, como otras veces; pero en ésta tuvo lugar además el lavado con aquella preciosa sangre; y fue después rociado con aquellas lágrimas santísimas. Parecía que todos los santos quedaran admirados de tan gran don; y mi corazón, por mano de mis ángeles, fue entregado a María que lo dio a su querido Hijo. Después, por medio de María Santísima se unió al Corazón de Jesús, el de María se unió con los Dos; y de tres se hizo un solo corazón".
LAVÁNDOLO CON SUS LÁGRIMAS,
MARÍA FORTALECE EL CORAZÓN DE VERÓNICA
2 de octubre, 1712 = Volumen III, 617-8
"Ella quería sacarme el corazón y me dijo: "Quiero que pidas la bendición y la obediencia al Padre". En un instante, me pareció hacerlo todo. Obtuve la obediencia, me vino en seguida el recogimiento; y María Santísima me sacó el corazón, lo lavó con sus lágrimas, y después me lo metió de nuevo. Comprendí que hizo esto para fortalecerlo, para que tuviese fuerza para estas grandes penas".
DESPOSORIO DE LOS TRES CORAZONES Y RENOVACIÓN DE LOS DOLORES
22 de octubre, 1712 = Volumen III, 630
"Esta noche ha habido el ejercicio del desposorio de aquellos; tres corazones, como me mandó el confesor, al marcharse ayer por la tarde. Entre las 9 y las 10, ocurrió el recogimiento en el cual María Santísima me sacó el corazón que, por manos de mis ángeles, fue presentado al Corazón de María y al de Jesús. El uno y el otro se unieron a la vez y, después, María Santísima tomó aquel corazón que había puesto en mi, en lugar del mío, y repuso en mi, mi corazón, que fue seguido de dos rayos que salían del Corazón de Jesús y del de Ella. Parecía que estos rayos, penetrasen dentro y uno y otro, obrasen en mi. El de María renovaba los dolores, el de Jesús renovaba la herida del corazón y movía todos los Instrumentos de la Pasión. Al final, por mano de María tuve de nuevo, aquel clavo que es la llave de la obediencia y fui confirmada en ella".
JESÚS LE GRABA SU NOMBRE EN EL CORAZÓN
4 de enero, 1714 = Volumen III, 740
"Tuve el recogimiento, con la visión de Nuestro Señor, de la Santísima Virgen y de muchos santos. Me parece que mi ángel Custodio me condujo delante de Jesús y de la Santísima Virgen; que ambos me tomaron en medio; del Corazón de Jesús salió un rayo resplandeciente que se dirigía a mi corazón; y que la Santísima Virgen con sus manos mostraba a su Hijo la llaga que tengo en mi corazón. En un momento, se abrió esta llaga de modo que se veía todo el corazón; el Niño Jesús con uno de sus dedos, la marcó por encima, como si hubiese escrito su Santísimo Nombre; su dedo parecía ser un afilado cortaplumas, con el que se formaban las letras del Santísimo Nombre de Jesús. En esto me pareció que él con un dedo, se tocaba su corazón, que aparecía con llaga sanguinolenta, y que con su misma sangre mojaba las letras que había hecho en mi corazón. Comprendí entonces, por vía de comunicación, que este Santísimo Nombre me ayudará en todos los sufrimientos y, especialmente, para combatir todas las insidias del demonio; porque en adelante, seré combatida con toda clase de tentaciones. Después de esto, Dios me confirmó mis dos oficios: la conversión de los pecadores, y la liberación de las almas del Purgatorio...
Quedé toda la noche con un dolor tan grande en el corazón, que pensaba morirme, y también sentía en él una cruz; porque me parecía que Jesús, después de haber marcado su Santísimo Nombre, me puso también en él una cruz que todavía la siento y me da gran dolor.
Lo mismo éstas que todas las demás penas, yo deseo que sean en penitencia de mis pecados".
MARÍA LE DA A BEBER
UN SORBO DE LA SANGRE Y DE LAS LÁGRIMAS
16 de febrero, 1714 = Volumen III, 753
"Hubo esta novedad que, después de recibida la Sagrada Hostia, María Santísima Llamó a si aquellos ángeles, tomó los dos cálices, y me dio a gustar un sorbo de sangre y de lágrimas. ¡Sea todo a gloria de Dios! Me mandó luego que, a lo largo de todo este tiempo, dé yo el consentimiento a toda pena, especialmente a la de la lengua; y que por eso me había hecho gustar tan preso licor.
Ayer por la noche tuvo lugar la renovación con alguna peculiaridad: es decir, como la tuve la primera vez; y ayer por la mañana en la Comunión tuve las tres gracias de renovación del desposorio, de la uniformidad y unión los tres corazones y de gustar la sangre preciosa que costado de Jesús".
RENOVACIÓN DE LOS 7 DOLORES DE MARÍA
23 de marzo, 1714 = Volumen III, 762-3
"María Santísima me prometió un nuevo modo de penar. Sería esto que, durante siete días, pondría uno de sus dolores en la herida de mi corazón; y que cada uno de esos dolores partiría del corazón de María para venir a mi corazón; que será un milagro si no muero de puro sufrimiento; que el mando de la santa Obediencia me mantendrá en vida, para empezar aquella vida entre padecimientos en sufrimientos; y que estos dolores serán mi voz para pedir todas las gracias que quiere la santa obediencia".
EN LA PIEDRA PRECIOSA DEL ANILLO,
TRES CORAZONES
25 de diciembre, 1715 = Volumen III, 975
"Después (el Niño Jesús) volvió a los brazos de María Santísima, de nuevo tomó el corazón herido en la mano, lo hizo descansar sobre su corazón, y lo atrajo a Él en Él. Hecho esto, lo hizo descansar sobre el Corazón de María Santísima; el Corazón de la Santísima Virgen hizo lo mismo, y atrajo hacia si dicho corazón; y en un instante lo vi en la mano de Jesús, atado con cadenas de oro; una salía del Corazón de Jesús, y la otra del Corazón de María Santísima. Después tuvo lugar el desposorio, con el anillo en el dedo, en el cual, en la piedra preciosa del mismo, habían tres corazones que formaban un solo corazón; y la vista de estos tres corazones significaba el Corazón de Jesús, el de María Santísima y el corazón herido que, por la unión de amor, quedaba tan unido a los Dos Corazones, y hacía con ellos uno solo. De todas estas gracias una no esperaba a la otra; todas fueron renovadas en mi, para mi; y María Santísima se exhibía como madre mía, Jesús como esposo, y me decían: "Pide gracias". Yo entonces pedí muchas, según lo mandado por la santa Obediencia; y me parecía entender cuáles serian concedidas y cuáles no. Todo me lo hacían ver bien claro. ¡Sea todo a gloria de Dios!"
TRANSFORMACIÓN EN MARÍA,
O MATRIMONIO ESPIRITUAL
8 de mayo, 1718 = Volumen III, 1291-2
"Al hacer la adoración a la Santísima Trinidad, mi alma fue confirmada como hija, esposa y discípula de las Tres Divinas Personas; mientras, María Santísima me confirmó por hija suya, y como Madre amorosa, me dio un tierno abrazo e hizo descansar mi cabeza sobre su pecho. Entonces mi alma tuvo la gracia de la unión con el Corazón Santísimo de María Virgen; y me pareció que quedé atada a Él, con aquel lazo indisoluble que, tantas y tantas veces existe entre Dios y mi alma, y hoy ha sido entre la hija y la madre. ¡Dios mío! Aquí quedo en silencio porque con palabras no puedo decir nada. ¡Sea todo a gloria de Dios!"
TU CORAZÓN NO ES TUYO, SINO MÍO Y DE M1 HIJO
7 de agosto, 1718 = Volumen IV, 8
"En ella (la comunión) he entendido tres cosas. La primera que mañana por la mañana, tendré la gracia de la unió de los tres corazones de un modo superior a las otras veces...
Jesús y María Santísima contendían entre si sobre quién de los Dos podría atar y encadenar más el corazón herido; y me parecía que tenían una cadena de oro, con la cual lo ataban en medio de sus Corazones. En un instante, he visto que los tres corazones se hacían uno solo; y María Santísima así atado, me lo ha devuelto y me ha dicho: "Hija, ahora si que este corazón no es tuyo, sino mío y de mi Hijo." Aquí he tenido aquellas comunicaciones íntimas; todo lo que había participado el corazón, ahora el alma lo participaba también todo; y ha habido la renovación de aquel lazo indisoluble entre Dios y el alma".
SU CORAZÓN SE LLAMARÁ EN ADELANTE "DIVINO"
25 de diciembre, 1718 = Volumen IV, 52
"Todo lo que experimentó y entendí en esta segunda Misa, no puedo decirlo con palabras. En ella, me mostró María Santísima también mi corazón herido, del todo renovado y divinizado en sus manos, y me dijo: "En adelante, se llamará corazón divino y no corazón herido, aunque el divino amor lo tenga que herir de nuevo; esto sucederá el primer día del año. Mientras tanto avisarás a mi Siervo, para que él te dé el reglamento para prepararte...".
A la tercera Misa, tuve raptos duplicados y en todos mi alma participó lo que participaba el corazón herido en la mano de María Santísima y de Jesús Niño el cual me llamó y me dijo: "Dime ¿de quién es este corazón?" Habiéndole yo contestado: "Es vuestro y de la Mamá Santísima". El añadió: "Sí, es mío; y como señal de ello, le cambio el nombre y confirmo lo que mi Madre Santísima ha dicho. Llámese en adelante, corazón divino". Entonces, el corazón de Jesús, el Corazón de María Santísima y mi corazón divino, se unieron en un instante, y de los tres se formó uno solo que mandó un rayo a mi corazón amoroso que estaba en mi, y comunicó al alma todo lo que participaba el corazón divino en el pecho de María Santísima y en el corazón del mismo Niño Dios.
Aquí si que no puedo explicar con palabras las comunicaciones que tuvo mi alma. Fue renovada y estabilizada la unión de los tres corazones; fue renovado el lazo indisoluble del alma con Dios; Dios quedó dueño absoluto de mi alma; y el querer de Dios empezó a ser mi reglamento en todo el resto de mi vida: vida de obediencia, vida divina y vida de perfección".
SU CORAZÓN DEBE PURIFICARSE SIEMPRE Y UNIRSE MAS ÍNTIMAMENTE CON LOS DE JESÚS Y DE MARÍA
21 de noviembre, 1719 = Volumen IV, 145
"Me ha venido también el recogimiento con la visión de María Santísima y me he portado como de costumbre. Ella me ha hecho hacer la adoración a la Santísima Trinidad; las tres Divinas Personas han confirmado mi alma, como hija, esposa y discípula; he visto detenerse en el Corazón de María Santísima tres rayos, que luego venían hacia mi corazón; y he entendido tres cosas. La primera, que debía realizarse la unión de los tres corazones; la segunda que mi corazón debía ir a la mano de María Santísima; la tercera, que debía volver a mi, unido a los otros dos corazones. Luego en un momento María Santísima ha llamado a aquellos ángeles, ha tomado aquellos cálices, los ha derramado sobre mi, me ha puesto el corazón amoroso, y teniendo, en mano el herido, se lo apretaba contra su pecho, como a cosa muy querida.
He entendido, que por tantas Confesiones, como he hecho, y luego por la gracia que Ella le había hecho con el lavado de aquellos cálices, lo había dejado como Ella lo quería; en un instante me lo, ha devuelto de nuevo..."

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sábado, 23 de março de 2013

MENSAJES DE LA VIRGEN MARÍA A CHRISTINA GALLAGHER: Son muchos los que irán al infierno.

MENSAJES DE LA VIRGEN MARÍA A CHRISTINA GALLAGHER: Son muchos los que irán al infierno.



La mayoría irá al purgatorio, y aquellos que irán al Cielo provendrán del purgatorio. Las palabras de nuestra Madre relacionadas con los 3 estados de la vida después de nuestra muerte son muy claros.


VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE


En su mensaje a fines de Octubre de 1992, nos informó:

“Hay muchas calamidades que vendrán al mundo. El alma de la humanidad será limpiada. Dios desea que venga a muchas partes del mundo para prevenir a mis hijos. Algunos responden por un tiempo, otros no desean oírme, otros no desean conocerme.
Habrá muchos que irán al Infierno.

La mayoría irá al Purgatorio,
y aquellos que vayan al Cielo, irán desde el Purgatorio…

Mi corazón está perforado y lleno de amargura. Deseo darles a mis hijos muchas gracias y paz. Ellos desean continuar en la oscuridad y el pecado y correr tras todos los deseo de la carne y del mundo”


PURGATORIO


Christina ha visto el Purgatorio muchas veces. Una vez miró almas en el Purgatorio que fueron permitidas venir ante ella. Ella describe el sentimiento de compasión como el que siente una madre al mirar a sus hijos atrapados en el sufrimiento pero sin poder llegar a ellos.

En ocasiones por separado, Christina ha visto tres diferentes niveles del Purgatorio. Uno de ellos le fue mostrado por Jesús quien la acompañó; fue una experiencia dolorosa, lastimosa y detestable, tanto que ella estaba convencida que debía ser el infierno. Esto sucedió cuando Christina fue tomada por Jesucristo a las profundidades como en un pasaje de arenas movedizas. Cuando se acercaron se abrieron automáticamente ante ellos unas portones enormes, un tufo repulsivo lo envolvía todo, la gente que vio vestían atuendos con capuchas cafés. Vinieron hacia ella un sacerdote y un seglar a quienes ella conoció durante su vida en el mundo aunque de manera superficial. Sus cabezas estaban agachadas como si estuvieran cargando un gran peso de sufrimientos. La vivencia en su totalidad impactó a Christina, así me lo relató:

“El piso era de apariencia fangosa y despedía un hedor. Pude sentir una sentimiento particular de agonía y tristeza por esas almas, no conocía personalmente a esa gente. Solamente conocía de vista a un sacerdote y un seglar, pero en el momento en el que estaba ahí, me pareció que eran tan cercanos a mí como mi propia madre o padre. Los amaba tanto, obviamente, Dios los estaba amando a través de mí y haciendo que les tuviera lástima mediante Su propio amor hacia ellos. Cuando me ofrecí a sufrir en su lugar, Jesús se fue.

Entonces quedé atrapada en lo que parecía ser una pared, es difícil de describir, no me podía mover, pero no me importaba, tan sólo gritaba “Jesús, por favor libera esta dos almas y si es Tu voluntad, déjame quedarme aquí, pero libera a estas dos almas”. Durante esta experiencia, me resigné a esperar ahí, de pasar por todo lo que tuviera que sufrir y soportar. Vi demonios jugando con fuego que tomaban en sus garras y que arrojaban hacia mí en mi estado de indefensión. Era más doloroso que cuando en la vida terrenal te quemas tu cuerpo. Sin embargo mi simpatía por estas dos almas para que fueran liberadas era algo más allá de lo que podía entender. Después de esto, una enorme bola de luz blanca vino y fui atraída hacia ella. Todo había acabado”

Jesús más tarde le confirmó a Christina que esas dos almas habían sido liberadas. Le dijo que éste no era el nivel más bajo del Purgatorio, el cual se llamaba la Cámara del Sufrimiento y que Christina no estaba lista para verlo, aún. Ella espera nunca verlo debido al grado de sufrimiento que testificó en el nivel que le fue revelado.

En otra ocasión Christina no sólo observó el sufrimiento de las almas en el Purgatorio sino que tuvo que sufrir ella misma sus sufrimientos, sucedió cuando fue conducida en un pasadizo embotador y lúgubre en el cual se abrían una serie de portales a cada lado. El final del pasadizo conducía a una puerta más amplia. Esta puerta en particular provocaba a Christina una especial repulsión. Aunque intentaba apartarse, era atraída directamente hacia ella, no tenía opción alguna. Durante el camino hacia ella, tenía que parar en cada portal en donde soportaba las agonías íntimas que afectaban las diferentes almas que estaban dentro de cada caverna. La última era la más horrenda. Al preciso momento en que se rindió a fin de ir ahí, se vio envuelta en una bola de luz.

En noviembre 2 de 1993, Christina recibió una experiencia que describe el sufrimiento de aquellos en el Purgatorio. “Las almas en el Purgatorio, las puedo ver en un mar de nubes grises tratando de alcanzarme y llamándome por mi nombre: “Christina, reza por mí, reza por mí, señalándome mi Rosario”. Y en diciembre 4 de 1993, ella los volvió a ver implorando por su ayuda con sus manos en alto. Christina dice que le recordaba la forma en que los peregrinos levantan las manos tratando de tocar al Santo Padre.

Christina ha sido visitada por muchas almas en el Purgatorio -sacerdotes, laicos, hasta obispos- todos pidiéndole sus oraciones, todos deseando ser liberados. Un obispo que vino ante ella justo después de su muerte le suplicó que Christina ofreciera una semana de sus sufrimientos por él. Esta persona en particular, en vida creía en las apariciones de Nuestra Señora a Christina pero no deseó conocer a Christina o hacer cualquier cosa para poner en práctica los mensajes de Nuestra Señora. Esto ocasionó que Christina le preguntara porqué debía ayudarlo ahora cuando él la ignoró mientras vivía. Ella dijo que inclinó la cabeza avergonzada y con tal arrepentimiento que por lástima a él, ella ofreció los sufrimientos que necesitaba.

En la Fiesta de Todos los Santos, noviembre 2 de 1994, Christina vio que el Purgatorio se abría ante ella estando en su propia casa. Sucedió de esta forma: Vio una gran extensión y almas santas elevándose como si no tuvieran peso por encima de lo que parecía ser humo gris. Algunos gritaban el nombre de Christina y, como en forma de canto, le pedían “reza por mí”. Lo que sintió Christina fue una profunda tristeza y simpatía, había miles de gentes, requerían de un gran esfuerzo para elevarse por encima del “humo” gris en el que estaban sumergidos

En el día de Navidad de 1994, durante la Misa, en el momento de la Oración Eucarística “Venimos hacia Ti Padre, con alabanzas y en agradecimiento a través de Jesucristo, Tu Hijo…” una gran muchedumbre de almas provenientes del Purgatorio fue vista por Christina. Levitaban pero inclinaban sus cabezas con gran reverencia por la Consagración en la Misa. Al momento de la consagración, una luz proveniente de la Hostia los envolvió. Después de alrededor de dos minutos cuando se disipó la luz, se fueron.

En diferentes ocasiones, como en febrero 25 de 1996, durante la Misa, Christina vio a las almas individuales que les han otorgado su libertad del Purgatorio las cuales son atraídas a la Hostia Sagrada y desaparecen en ella. En febrero 25 de 1996, vio a miles aparecerse en una forma miniatura avanzando para ser consumidos en el Corazón Latiente de Jesús que provenía de la Hostia.


LA REALIDAD DEL DEMONIO


“Es una experiencia que sacude al alma, sacude cada célula de tu cuerpo”,
dice Christina respecto al Demonio. Su presencia oscura, es “gélida y de gran odio”, permea el aire y la llena de escalofríos espeluznantes. “Inmediatamente, me volví hacia Dios, Empecé a alabar a Jesús y a Dios Nuestro Padre y al Espíritu Santo. Empecé a alabar a Dios a mi estilo, con lo que llega primero a mi corazón. Frecuentemente ofrezco el mismo ataque que estoy sufriendo, ese lapso de tiempo, de lo que Satanás está tratando de hacer; lo ofrezco a Dios. Luego Satanás parece desaparecer, de cierta forma, me siento atraída a hacer oración a un nivel más profundo con más sinceridad y amor. Luego todo termina”

Nuestra Bendita Madre le dijo a Christina del vacío y dolor que hay detrás de Satanás y cómo él medra con nuestro temor:

“El temor los está reteniendo, el temor no proviene de Dios, sino del Príncipe de la Oscuridad. El los mantiene en la oscuridad. Hagan todo por el amor de mi Hijo, Jesús”

Christina es ahora más fuerte en contra de los ataques de Satanás. Ella aconseja a la gente que:

“Tenemos siempre que recordar que Dios es Luz y que Satán es oscuridad, y aunque la oscuridad de una habitación pueda asustarnos, la luz puede instantáneamente desaparecer toda oscuridad. Al abrir nuestros corazones a Dios, Quien es Luz, vencemos el poder diabólico de la oscuridad y ya no debemos temer. El único poder que tiene es el que Dios le permite. El hombre también puede darle un ámbito de acción a través de nuestra libre voluntad, al omitir rezar y al rehusar vivir dentro de los Mandamientos de Dios”.

“No hay paz, no hay amor, sólo distracciones. Somos atraídos hacia todo. En lugares del mundo no hay consideración o amor hacia los demás. Requerimos de Dios, y con Dios y a través de la gracia y ayuda de Dios, obtendremos la paz. Nuestra Madre Bendita desea que reconozcamos las necesidades de los demás. Debemos amarlos porque Dios desea que nos amemos unos a otros así como El nos ama. Cuando el demonio intenta distraernos y molestarnos, perdemos nuestra paz, y cuando no tenemos nuestra paz y nos sentimos distraídos, no podemos realmente orar con propiedad”.

“Ahora bien, es diferente cuando alguien trata de orar y se percata que su mente se encuentra vagando en algo que sucedió ese día. Podrían estar preocupados en lo que están pensando. Esto es diferente a cuando el demonio constantemente intenta separarnos de la oración. Si estamos rezando el Rosario, podemos encontrar muchas dificultades. Enfado y molestia pueden originarse en nuestras familias entre aquellos que desean rezar el Rosario y los que no lo desean”

“Todo esto es el demonio que intenta detenernos, pero la gente debe darse cuenta que cuando han optado por Dios, pueden vencer a Satanás y sus ataques por la gracia del amor de Dios a través de la intercesión de nuestra Madre Bendita. Entonces podrán realizar la voluntad de Dios y liberarse de las tentaciones. ¿Cómo podemos vencer las tentaciones de Satanás? Mediante los Sacramentos, la oración fervorosa, el ayuno y sacrificándonos, por amor -todas estas cosas Satanás no las soporta. Lo que más odia Satanás es que los humanos amemos y confiemos en Dios”.

Debido a la maldad esparcida por el mundo, la gente en ocasiones culpa a Dios y se pregunta porqué Dios lo permite. Christina nos explica: es nuestra libre voluntad. Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza, por lo tanto somos libres. Dios nunca nos retira nuestra libre voluntad, la respetará por siempre. Por lo tanto, sólo puede invitarnos, nunca nos forzará.

Christina nos dice: “Debido a nuestra libre voluntad Dios nos dice, que recordemos usarla debidamente mediante discernimiento y la oración. Estamos llamados a hacer las decisiones correctas. Sin embargo Satanás también nos llama. Mediante la oración y los sacramentos, se fortalece nuestra voluntad para realizar la voluntad de Dios. Pero Satanás mediante tentaciones y engaños, también está siempre presente, está constantemente intentando influenciar nuestra libre voluntad para que rechacemos a Dios”.

La batalla entre Dios y Satanás, entre el bien y el mal, depende de nuestro uso de nuestra libre voluntad que Dios nos ha otorgado.

Christina dice: “Pero no debemos temer a la oscuridad si estamos en la luz, si permitimos y autorizamos a Jesús que viva en nuestras vidas. Esto es lo que Nuestra Bendita Madre me ha enseñado. Mientras menos le temo a Satanás y confíe más en Dios, estoy más capacitada para aceptar la voluntad de Dios”.

Pero no debemos negar la existencia de Satanás. Christina dice que Nuestra Madre le comentó que si negamos la existencia de Satanás, negamos la existencia del pecado. Cuando negamos el pecado, negamos a Cristo y a Su Sacrificio de Redención en el Calvario, que es un sacrificio hecho, – subraya Nuestra Madre- para “redimirnos de nuestros pecados”.

La negación de Satanás, como la negación del Infierno, dice Christina, nos causa que “bajemos nuestra guardia y pongamos nuestras almas en peligro que es precisamente lo que Satanás siempre ha buscado obtener”.


EL INFIERNO


Después de mostrarle a Christina el Infierno en marzo 29 de 1989, Jesús le dijo: “Este es el abismo del pecado, el Infierno, para todos aquellos que no aman a Mi Padre. Hija mía, une tu debilidad a Mí, quien Soy toda fortaleza”.

Christina recuerda: “El Infierno era solamente fuego, Jesús estuvo conmigo durante toda la experiencia. Era aterrador, más allá de cualquier palabra, nunca deseo experimentarlo de nuevo. Era una gran oscuridad y aterrador. Todo lo que podía ver era un interminable océano de fuego, y de alguna forma podía ver a través de ello, flamas atravesando flamas; ahí había figuras de cuerpos, como en el mar, nadando entre el fuego.

Los cuerpos eran negros y las inmensas llamas los atravesaban, Había una grandísima cantidad de cuerpos, Sentí un espantoso sentimiento de terror. No podía hacer mas que temblar y recé por que nadie tuviera nunca que ir al Infierno” En una ocasión, después de 5 semanas de sufrimientos extenuantes, Christina fue invitada a ofrecerse a ser “crucificada”.

Christina cumplió, diciéndole al Señor “si es necesario, crucifícame”.

Después de esto Christina atestiguó la presencia de muchos demonios encolerizados. Al día siguiente, Jesús le informó que a través de su sufrimiento, cinco mil almas fueron salvadas del borde del Infierno. Esas almas estaban aún en vida, Jesús le explicó, y cuando Christina le preguntó; “¿Y si vuelven a su vida pecadora? Jesús le respondió:

“Los he tocado de forma tal que se salvarán”.

Christina dice que aquellos que van al Infierno eligen su destino. “Según lo entiendo yo, tiene que ver con la libre voluntad y el pecado” dice Christina. “Ustedes saben, algunas personas no están conscientes que están cometiendo pecado. Ahí es donde los pastores de la Iglesia tienen que intervenir. Tienen que hacer que la gente se percate de la realidad del pecado. Demasiada gente no reconoce la existencia del pecado. Pero, Dios es misericordia y está lleno de amor, así que alguien que no está consciente del pecado puede pasar por grandes sufrimientos para concientizarse. Esto es como una purificación. Dios desea la salvación de todos pero eso depende por completo de nosotros, acercarnos y buscar la mano auxiliadora de Dios, y si lo hacemos, estaremos a salvo.

“Pero, hay algunos que saben que están haciendo mal y de todas formas no tienen intención alguna de cambiar. Estas gentes pueden desear todo lo mundano por encima de Dios: poder, lujos, y saben que está mal. Conscientemente se percatan de ello y saben que están sirviendo al demonio. El es el príncipe o el rey de este mundo. Este mundo es su reino. Ahora me percato de qué forma nos tienta la carne. La carne es débil. Debemos volver a Dios y suplicar por su gracia mediante la oración y los sacramentos. Debemos disminuirnos y permitir que el Espíritu de Dios crezca en nosotros.

“La oración, ayuno y todo lo que podamos ofrecer, es lo que Dios nos pide que hagamos. Dios nos da su fuerza a través de Su gracia, mediante la oración y mediante los sacramentos. Así que cuando el hombre intencionalmente se aleja de Dios y no quiere reconocerlo, debe comprender claramente que el camino que lleva es el camino que conduce al Infierno. Así pues, el hombre elige por sí mismo el Infierno por sus acciones”

Después de la aterradora escena del Infierno, Nuestra Madre Bendita informó a Christina:

“Hija mía, no tengas miedo de aquellos del mundo. Pon todo lo mundano bajo tus pies, y trabaja solamente por la salvación. La purificación está próxima. Muchos se perderán por los pecados del mundo y los pecados de la carne. Tú, hija mía, debes hacer reparación por aquellos que blasfeman contra mi Hijo el sucesor de Pedro. Mi hijo está rodeado por muchos cuyos corazones están llenos de odio y celos”


FUENTE: http://forosdelavirgen.org

sexta-feira, 22 de março de 2013

Pregare è sconvolgere se stessi. Le fasi della preghiera contemplativa

mexicoart.it

Pregare è sconvolgere se stessi

da un intervento di Frei Betto, tratto da http://www.rrrquarrata.it/nuovo/html/
Pregare è entrare in sintonia con Dio. Ci sono molti modi di farlo e non si può dire che uno sia migliore di un altro. Ci sono preghiere individuali o collettive, basate su formule o spontanee, cantate o recitate. I salmi, per esempio, sono preghiere poetiche delle quali circa cento esprimono lamento e/o denuncia e cinquanta, lode.
Noi occidentali abbiamo difficoltà a pregare, a causa del nostro razionalismo.
In genere, restiamo sulla soglia della porta e ci affidiamo alla preghiera che si appoggia ai sensi (musica, danza, ammirare vetrate o paesaggi, ecc.) o alla ragione (formule, letture, riflessioni, ecc.)
Pregare è entrare in una relazione d’amore. Come succede in una coppia, ci sono livelli di approfondimento tra il fedele e Dio.
Alcuni pregano come l’innamorato che parla troppo all’orecchio dell’innamorata.
Come se Dio fosse sordo e tonto. Assomigliano molto a quella zia che telefona e parla tanto, così tanto che mia madre lascia la cornetta, mescola il cibo nelle pentole e torna, senza che la sua assenza sia stata notata.
Gesù suggerì di non moltiplicare le parole.
Dio conosce i nostri desideri e le nostre necessità. Gesù stesso, narra il Vangelo, amava ritirarsi in luoghi solitari per pregare. “Gesù andò sulla montagna per pregare. E passò tutta la notte pregando Dio.” (Luca 6, 12).
Nella preghiera bisogna abbandonarsi a Dio. Lasciare che Lui preghi in noi.
Se opponiamo resistenza alla preghiera è perché, molte volte, temiamo l’esigenza di conversione racchiusa in essa. Fermarsi davanti a Dio è fermarsi davanti a se stessi. Come in uno specchio, pregando, vediamo il nostro vero profilo – profonde pieghe d’egoismo, tristezze accumulate, invidia radicata, attaccamenti induriti. Da lì la tendenza a non pregare o a dire preghiere che non operino una trasformazione in noi stessi.
I mistici, maestri di preghiera, suggeriscono di imparare a meditare.
Liberare la mente da tutte le fantasie e le idee e lasciar fluire il soffio dello Spirito nel silenzio del cuore. La letteratura mistica insegna il metodo di questo esercizio. Ma è necessario, come Gesù, dedicare del tempo ad esso.
Così come la relazione di una coppia si raffredda se non ha momenti di intimità, allo stesso modo la fede si indebolisce se noi non ci raccogliamo in preghiera. Preghiamo per imparare ad amare come amava Gesù.
Solo la forza dello Spirito dilata il cuore. Perciò una vita di preghiera si valuta non attraverso i momenti dedicati ad essa, ma attraverso i frutti nella vita quotidiana: i valori elencati come beatitudini nel Discorso della Montagna (Matteo 5, 1-12). Ossia, purezza di cuore, distacco dalle cose materiali, fame di giustizia, compassione, coraggio nelle persecuzioni, ecc.
Pregare è lasciarsi amare da Dio. È permettere che il silenzio di Dio risuoni nel nostro Spirito. È lasciare che Lui abiti in noi.
Senza cadere nel fariseismo di pensare che la mia preghiera è migliore della tua, come quel fariseo davanti al pubblicano (Luca 18, 9-14).
Chi prega cerca di agire come agirebbe Gesù. Senza temere i conflitti che derivano dai comportamenti che contraddicono i disvalori della società consumistica e individualistica in cui viviamo.
Pregare è sconvolgere se stessi. Incentrato in Dio, chi prega decentra se stesso negli altri e suscita nella sua vita la felicità di amare perché sa di essere amato.
Parafrasando Giovanni, prima di pregare si conosce Dio “perché se ne sente parlare”. Poi, perché si sperimenta la Sua presenza. Il che portò Jung a esclamare:” Io non credo. Io so”.
Frei Betto
tratto da http://www.rrrquarrata.it/nuovo/html/

Le fasi della preghiera contemplativa

tratto da http://www.dimensionesperanza.it/
Fase uno
Rilassamento e silenzio
Siediti e rilassati.
Lentamente e coscientemente lascia scorrere via ogni tensione e dolcemente cerca la consapevolezza della presenza personale di Dio.
Niente repressione di stati d'animo.
Rilassati e abbandona tutto, non c'è né prima né dopo, ora c'è soltanto l'adesso dove Dio è presente.
Lui è presente.
Ogni cosa è nelle sue mani.
Lascia che si plachino tensioni, ansietà, preoccupazioni, frustrazioni.
Usa il respiro ritmico come ti è stato insegnato nel momento VI dell'introduzione.
Cerca la pace ed il silenzio interiore.
Lascia che la mente, il cuore, la volontà e i sentimenti diventino sereni e tranquilli.
Sii pronto, se necessario, a trascorrere tutto il tuo tempo di preghiera senza nessun pensiero di riuscita, di effetto o di premio.
Sii pronto/a a "sprecare" il tuo tempo in questo modo e a fare un'offerta nuda e disinteressata del tuo tempo e della tua attenzione solo a Dio.
Non è un avvenimento psicologico è un passo di resa e di accettazione del volere di Dio.
Fase due
Consapevolezza della Divina Presenza
Siediti tranquillamente e apriti interamente alla consapevolezza della sua presenza.
"Egli è presente al mio spirito, attento alla mia consapevolezza. Egli dimora al centro del mio vero io, al centro del mio essere.
Egli è più vicino al mio vero io che io stesso ("Dio mi è più intimo del mio stesso intimo" scrive S. Agostino).
Egli mi conosce meglio di quanto io mi conosca.
Egli mi ama più di quanto non ami me stesso.
Egli è per me: "Abbà-Padre". Io sono perché egli è.
Nello specchio della creazione, io sono la sua immagine vivente e la sua somiglianza; quando io amo, rispecchio il suo amore; quando io lo invoco, lui mi sente; quando io cerco la sua attenzione, egli mi risveglia alla sua presenza, "in", "attraverso" e "con" Gesù. Egli parla con la sua parola d'amore: "Sei il mio figlio, sei la mia figlia amata da me, in cui io mi sono compiaciuto".
In, attraverso e con Gesù, egli riversa il suo Spirito, facendo sì che io gridi: "Abbà, Padre".
Egli mi dona la sua Presenza".
Fase tre
L'arrendersi alla Sua Presenza
Guardandolo, consapevole della sua presenza, io mi arrendo in ogni aspetto del mio essere. Mi restituisco a lui: tento di ritirare il mio senso di possesso e supplico che sia lui a possedermi, di vivere in me e attraverso di me, così che "non sono più io che vivo, ma Cristo che vive in me" (Gal 2,4).
Le mie mani, polsi e braccia, la mia testa, orecchi, sensi, cervello, piedi e gambe, ognuno e tutti i miei nervi, muscoli, arterie, organi: tutto possa Lui accettare come uno strumento di pace e trasformarlo come pura offerta.
Abbandono le mie preoccupazioni e affanni: cresco nella certezza che se la mia fede e speranza in lui sono vere, non vi è motivo per ansietà e tensione: egli si occupa dei suoi figli e figlie e li segue. Così abbandono ogni cosa che mi preoccupa in un gesto di fede e di resa.
D'ora in poi lascio che lui mi guidi passo dopo passo. Abbandono tutte le difese del mio cuore, dei miei sentimenti, del mio amore.
Il mio cuore non ama più col suo proprio amore. "Chiunque ama è generato da Dio e conosce Dio" (1 Gv 4,7). È Gesù nel "mio" respiro d'amore. Non sono io che amo, ma egli ama dentro di me, attraverso me…e il suo amore è quieto, sereno, ineffabile e duraturo.
Io mi arrendo con tutta la mia personalità, persino al di là dei miei sentimenti.
Io vado barcollando avanti verso il suo amore che va oltre il mio pensiero.
E la mia unica preghiera consiste solo nella richiesta che in questo silenzio egli possa riversare il suo Spirito e cominciare a vivere e regnare in me.
Io mi arrendo completamente a Gesù mio Salvatore e lo accolgo come mio Signore. Egli ha pregato e sofferto per liberarmi e rivendicarmi come suo.
"Prendimi con tutto quanto possiedo e fa di me qualsiasi cosa vorrai".
"Mandami dove vorrai. Usami come vorrai. Io offro me stesso, e tutto quanto possiedo alla tua autorità, interamente, totalmente, senza condizioni e per sempre".
Esprimiti ora nel silenzio delle tue labbra, con la voce del tuo cuore per mezzo di alcune brevi preghiere ripetitive ma spontanee come ti è stato consigliato nel momento VI dell'introduzione.
Questa fase può trasformarsi in un'ardente e insistente supplica allo Spirito santo per la sua effusione, per i suoi doni, per un senso travolgente della sua presenza e della sua pace.
E la supplica termina sempre nella certezza: "Abbiate fede di averlo ottenuto e vi sarà accordato" (Mt 11,24).
Fase quattro
Conoscere le proprie reazioni,
accettare il suo volere

Molte delle nostre reazioni "naturali" sono espressioni e gesti di non accettazione, di ribellione, di fuga dalla realtà o di repressione: è la nostra rabbia che esplode; l'impazienza s'impossessa di noi come uno spirito malvagio; le nostre antipatie e rancori ci induriscono il cuore; il nostro risentimento è provocato dalle interferenze altrui. Senza che ci rendiamo sempre conto di questo, spesso rifiutiamo di accettare persone, avvenimenti, situazioni, condizioni e perfino noi stessi, come Dio li vuole per noi, e come Lui li accetta per noi.
Questo rifiuto di accettare il suo volere in circostanze concrete, crea nella preghiera come una barriera, un blocco sul nostro cammino verso di Lui. È sua volontà che noi accettiamo persone, circostanze, fatti come essi sono veramente e come si svolgono; è sua volontà che noi non dovremmo mai cercare di influenzare persone o fatti per mezzo di atti di violenza del cuore; è sua volontà che noi esercitiamo su di loro la forza dell'amore, del perdono, della sofferenza, dell'accettazione e del ringraziamento. Nella vita quotidiana questo atteggiamento significa: mai giudicare, mai criticare, mai essere violenti, e mai cercare d'interferire nelle cose altrui.
E così, nella preghiera io prendo coscienza delle vere barriere della non accettazione.
Io guardo ogni barriera e deliberatamente accetto il volere di Dio a questo proposito. Ritiro il mio giudizio soggettivo di condanna: ritiro la mia critica, deploro la violenza dei pensieri, parole e opere, arrischio questo salto di fede e d'amore: lui fa sì che ogni cosa contribuisca al mio vero benessere, quando il mio cuore si rivolge a Lui (cf. Rm 8,28).
A questo punto ti consigliamo di prendere accanto a te una persona con la quale hai difficoltà. Prenderla metaforicamente e portarla con te alla presenza del Signore e pregare per lei, ma non perché sia lei a cambiare. No! Perché piuttosto cambi il tuo modo di vederla, di considerarla.
Così vedrò che l'accettazione del suo volere, s'identifica con l'accettazione della sua guida. Tutto questo mentre egli mi conduce, passo dopo passo, attraverso le circostanze concrete della mia vita quotidiana.
Con la sua volontà, egli mi conduce nel suo regno.
E così abbandono il mio volere personale e cerco di discernere lo svolgimento del suo piano, e man a mano che mi sforzo di seguire il suo desiderio, i miei personali pensieri e progetti perdono la loro importanza.
Fase cinque
Pentimento e perdono

a) Quando entriamo in questa fase di preghiera può darsi che ci sentiamo oppressi da un senso di fallimento e di peccato. Può essere un senso generale di peccato e di non essere degni, oppure è dovuto al fatto che ci siamo lasciati andare spiritualmente. Dobbiamo affrontare questa barriera con uno spirito di sincera penitenza e vera umiltà. Confessiamo le nostre colpe, le nostre mancanze e supplichiamo il suo perdono e lo ringraziamo con molta umiltà per aver ascoltato la nostra preghiera. Allora ci mettiamo al cospetto di Dio come siamo, peccatori, ostacolati spiritualmente e handicappati in molti modi, malati cronici. E accettiamo queste limitazioni e queste incapacità perché lui ci accetta come siamo, perché lui ci ama come siamo.
Non cullare i sensi di colpa: dobbiamo accettare e abbracciare il suo perdono e il suo amore totalmente e completamente.
Sentimenti di colpa e d'inferiorità davanti a Dio sono espressioni di egoismo e di egocentrismo. Perchè diamo più importanza al nostro piccolo io peccatore, che al suo amore immenso e infinito.
Il senso di colpa è in realtà una forma di narcisismo.
Riconosciamo le nostre colpe e la nostra inferiorità: la sua bontà è più grande della nostra cattiveria. Accettiamo la sua gioia nell'amarci e nel perdonarci. Saper riconoscere la nostra iniquità aprendoci alla sua misericordia è una grazia guaritrice.
b) Quando siamo incapaci di pregare e non vi è una precisa ragione, tranne un senso di disagio e di indegnità, il libro: "La nube della inconoscenza" ci potrà aiutare:
"poiché tutto il male è riassunto in quell'unica parola il "peccato"

sia attivo che passivo, preghiamo con l'intenzione di rimuovere
questo male; non c'è bisogno né di pronunciare, né di pensare,
né di sottintendere altro che questa unica semplice parola "peccato"…

Dovreste riempire il vostro spirito con il più profondo significato
della sola parola "peccato" senza analizzare che genere di peccato sia,
veniale o mortale, d'orgoglio, rabbia, invidia, avarizia, pigrizia, gola,
lussuria."

Devi sentire il peccato in tutta la sua totalità, come una "massa" estranea senza specificarne nessuna caratteristica in particolare, e devi sentire che questa massa estranea sei tu.
Perciò lascia che il tuo cuore si rivolga a Lui con fiducia e che sussurri, nel silenzio delle tue labbra, questa antica e fondamentale preghiera:
"Signore Gesù Cristo, Figlio del Dio vivente, abbi pietà di me peccatore"
Fase sei
Contemplazione

Ormai ho allontanato ogni ostacolo dal mio cuore, ogni pensiero dalla mia mente, ogni indecisione dal mio volere: "Ora lui desidero, lui cerco, nulla all'infuori di lui".
Basterebbe che io mi sentissi mosso amorosamente da una forza misteriosa, e che in questa spinta interiore, io non avessi nessun altro vero pensiero, nessun altra cosa tranne Dio, e che il mio desiderio fosse costantemente e semplicemente rivolto a Lui.
Mi rivolgo completamente alla sua presenza. Io lo fisso attentamente. La sua presenza diventa sempre più reale per me. Egli magnetizza la mia vista interiore. Il mio sguardo riposa in lui semplicemente e con amore.
La mia preghiera allora non è altro che una consapevolezza amorosa.
Mentre sto tranquillo e sono in una calma e semplice consapevolezza della sua presenza, il mio cuore avanza a tentoni verso di lui e si apre a ricevere il suo amore. È una preghiera senza parole, nutrita da un ardore silenzioso.
Ricorda: "Egli può essere afferrato e tenuto con l'amore, ma con il pensiero mai".
Vi sono delle tenebre che non possono essere attraversate con il pensiero e a sapienza, ma solo con un amore ardente.
"Spazza via questa nuvola di non conoscenza tra te e Dio, con una freccia pungente di ardente amore".
"Bella felice notte,
segretamente, senza essere veduta,
senza nulla guardare,
senza altra guida o luce
fuor di quella che in cuor mi riluce.
Questa mi conduceva più sicura che il sol
del mezzogiorno,
là dove mi attendeva
Chi bene io conosceva
e dove nessun altro si vedeva".
Questa fase può benissimo essere sostenuta da una preghiera ripetitiva, portata avanti con un tranquillo ritmo di respirazione.
Fase setteRicevere
Dio è sempre attento a noi. Egli non può non ricevere chi cerca con fede e amore. La frase "cerca e troverai sempre" si trasforma in "cerca e sarai sempre trovato". Egli cerca noi, prima, mentre e dopo che noi lo cerchiamo.
"Ti ho amato e di amore eterno, per questo ti conservo ancora pietà" (Ger 31,3).
È parola del Signore.
Ed egli è attento a me: si volge verso di me, mi cerca; è ansioso di invadere il mio spirito; vuole che il suo Spirito mi possieda.
Io mi rilasso nel calore del suo amore. Sento che egli ha il suo sguardo fisso su di me.
Gesù, il mio Signore, è desideroso di possedere il mio cuore, col quale amare suo Padre, col quale irradiare il suo amore.
"Chi mi ama sarà amato dal Padre mio, e anch'io lo amerò e mi manifesterò a lui…e verremo a lui e prenderemo dimora presso di lui", parola del Signore (1 Gv 4,16).
Egli ci riempie della sua presenza con il suo spirito. Noi possiamo percepirlo solo nella fede o, per mezzo della sua grazia, nell'esperienza. La sua presenza porta una profonda pace spirituale, una serenità più grande e ci rende possibile l'accettazione e la sofferenza. La sua presenza dissipa la disperazione e fa sgorgare gioia e amore, accende un faro di luce e un forte desiderio di pregarlo e di ringraziarlo. O, se questo è il suo volere, porta la capacità di servirlo e proclamarlo, di testimoniare il suo regno, di portare la guarigione nel suo nome, di portare pace e unità agli uomini di buona volontà.
Fase ottoIntercessione
C'è bisogno di intercedere. Gesù continua a salvarci attraverso la sua continua intercessione (cf Eb 7,25). In un certo senso egli ha anche bisogno di far uso dei nostri cuori per questa intercessione. Certamente noi dobbiamo cercare il donatore più che il dono, ma il donatore cerca di salvare il suo popolo. Attraverso il suo Spirito in noi, egli si preoccupa per tutti quelli che dovrebbero essere il suo popolo: per mezzo nostro egli vuole intercedere e soffrire. Dobbiamo supplicare e mai perderci di coraggio (cf Lc 18,1), con fede semplice e fiduciosa. La sua promessa è questa: "Chiedete e vi sarà dato".
Dobbiamo imparare a pregare con la certezza che egli ha già dato quello che noi chiediamo, come il Signore ci ha sollecitato a pregare:
"Tutto quello che domandate nella preghiera, abbiate fede di averlo
ottenuto e vi sarà accordato" (Mc 11,24; cf 1 Gv 5,14-15; Gc 1,5-6).
Noi preghiamo secondo la sua volontà (cf 1 Gv 5,14-15) per il suo regno in noi stessi e negli altri, Signore, insegnaci a pregare: sia glorificato il tuo nome, venga il tuo regno, la tua volontà si compia nella mia vita e nella vita degli altri; Signore, dona la tua pace a….; aiuta …..nelle necessità, Signore fa conoscere il tuo nome a….
Perciò alla fine della preghiera lascia che il tuo cuore si dilati nell'intercessione.
Fase noveLode e ringraziamento
Gesù invariabilmente ringraziava e lodava il Padre e insegnava ai suoi discepoli a fare altrettanto: la sua preghiera eucaristica è una preghiera di ringraziamento e di intercessione.
Quando ci avrà resi consapevoli della sua presenza, o ci avrà toccati col suo spirito, e riempiti con la sua grazia e la sua pace, noi spontaneamente lo ringrazieremo e lo loderemo.
Può darsi che venga il momento in cui giungeremo a ringraziarlo perfino quando saremo partecipi della solitudine e sofferenza di Gesù, semplicemente perché la sua volontà si sta attuando in noi.
A CONCLUSIONE dell'esposizione di questo cammino, che ti auguriamo di realizzare nella tua vita, ti preghiamo di tenere presente:
· La preghiera è essenziale
· …per essere in contatto con Gesù

· …avendo chiaro che "l'organo giusto per la preghiera è il cuore"

· …e che il cuore è il profondo del tuo essere
· …lì dove dimora il Signore, il nostro Dio.
Ed infine tieni ancora presente che nel Regno di Dio non ci viene chiesto di crescere divenendo grandi e forti. Al contrario, ci viene chiesto di divenire bambini, di permettere a Dio di agire dentro di noi.
tratto da http://www.dimensionesperanza.it/

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